*
"Es una sensación muy extraña.
La veo allí, al final del camino, que en realidad no es sino el principio, pues es la fuente. Fuente de vida.
Observo cómo se vierte cada día y mientras contemplo el momento, capturando en todo lo posible su esplendor, la corriente parece arrastrarme. ¿Es posible que la misma corriente que me da vida me aleje de ella? ¿O soy yo mismo quien se deja arrastrar?
Sé, sin lugar a dudas, cuál es mi destino. El lugar donde cada parte de mi me pide que vaya. El instinto que me exige que remonte la corriente. Que nade hacia donde debo ir. Donde quiero ir. Donde voy. A ti".
Así te expresaste públicamente en aquel lugar. Yo era tu fuente, fuente de vida, de tu vida. De mí bebías la vida que te faltaba y yo no dejaba de derramarme para ti. Y volvías, volvías a mí a saciar tu sed y tu deseo, a pesar de la corriente, que no era otra cosa que tu propia cobardía. Bañado en mi fuente, resucitabas de entre las horas muertas y anodinas, así como resucitaba cada miembro de tu cuerpo que reaccionaba con cada gota de mi agua vital. Tu piel rejuvenecía, así como tu alma casi gris y pétrea, y te convertías en otro ser, un ser nuevo, el que siempre soñaste ser. Yo era tu fuente de vida y de felicidad.
Antes de que yo te echara, hubieras preferido mil veces ahogarte en mí.
Sabes que no hallarás otro manantial tan fresco y renovador... Si acaso un surtidor para nada comparable...en el que puedas chapotear sin miedo a la corriente.
Sigo siendo fuente. Fuente de vida. Y me vierto a diario para la sed del que amo. Mi manantial es inagotable y mágico...el mismo del que tú no te cansabas de beber. Cada uno es lo que es...y tiene lo que tiene.
*
No hay comentarios:
Publicar un comentario