*
Ulises, por fin, arribó a la isla.
Juntos de nuevo, con todo el deseo del encuentro,
desataron las pasiones en el lecho por unos días
e incluso renovaron su juramento de amor eterno.
Y de nuevo partió Ulises.
No sin antes prometerle que no escucharía
el canto de las sirenas.
No sin antes jurar
que las sirenas no existían ya para él
y hacerle jurar a ella que tampoco las escucharía.
(ella no sabe que él también prometió
amor eterno a las sirenas y él no sabe que
ella se deja vencer por la curiosidad).
Y en la isla quedó Penélope
tejiendo sueños de nuevo encuentro prometido,
de proyectos futuros.
Seguirá mirando al mar todos los días
con tal de descubrir los secretos
que esconden las criaturas
de pechos y escamas que enamoraron a su amado.
No sabe que las sirenas
nadan en las aguas de la mente,
y que su canto todavía resuena
en los oídos de su rey.
Es inevitable.
Las sirenas no se van de la memoria.
Y él siempre, toda su vida,
compartirá las aguas de su corazón con ellas.
Si Ulises está con Penélope
es sólo porque no pudo compartir su amor
con una sirena, que era su deseo
por encima de todo.
Penélope es la opción que queda
después de sufrir la mayor frustración de su vida.
Y ya se va haciendo mayor para estar solo.
Igual que ella.
El deseo de emparejarse es apremiante.
Aunque las mujeres parecen más viejas
cuando tienen la misma edad que los hombres,
más aún cuando estos conservan cierta lozanía.
Penélope se mira en el espejo.
No parece una sirena.
Parece más madre que esposa.
Quizás él busca eso,
alguien que le mime y le cuide
como si fuera un niño.
Penélope canta y se escucha su voz
pero desconoce el lenguaje de las sirenas.
Una mujer no puede igualarse a una sirena.
Y el hombre que amó a una sirena,
jamás la olvida.
Pero quiere pensar que él la ama
tal y como es, como debe ser.
Confía en él, en su canto, que convence.
Aunque Ulises no es quien ella piensa.
Al principio, todo en él parece tierno,
pasión de verdadero amor, de entregado amante.
Mas después se entregará a sus verdaderas pasiones,
con el tiempo, que no son otras
que conseguir victorias para sí mismo.
Y cada una de sus victorias vendrá acompañada
de una espera que parecerá tan larga
como lo son 20 años.
Entonces ella
comenzará a tejer las primeras dudas...
Fue un error creer en las palabras del hombre-rey?
Fue un error perdonar los primeros silencios,
las primeras mentiras, las primeras iras?
Fue un error concebir a Telémaco?
Si ella es una buena Penélope,
tapará sus ojos y sus oídos,
se atará al mástil de su fidelidad
y tejerá eternamente colchas de colores
para el lecho de tres amantes:
Ulises, Penélope y...
una sirena eternamente presente
que dejó de tejer corales hace tiempo.
La buena Penélope se hará vieja
y puede que entonces piense
que hubiera sido mejor
compartir el amor con un hombre sencillo,
básico, corriente, limpio de mentiras,
un hombre mayor que ella para
que ya no necesite más que a ella,
que no ansíe los altares,
humilde, humano,
y con menos frustraciones,
un hombre con las manos callosas de arar la tierra,
que jamás hubiera visto el mar
ni hubiera conocido sirena alguna;
que no hubiera convertido su vida
en una odisea.
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