jueves

Historias cotidianas

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Como siempre que resultaba ser el primer dia de algo, no le costaba despertar. Tenía esa sensación de inquietud, ese sueño ligero, ese miedo, incluso, a que se pierda la oportunidad por un descuido. La excitación también contribuye.

Miró el reloj de la mesilla. Las cinco y cuarto de la mañana. Muy pronto, demasiado incluso para su nuevo horario."Aún quedan cuarenta y cinco minutos" pensó y posó su mirada en la figura que respiraba tranquila a su lado. Se dió la vuelta y en lo que pareció un segundo, sonó el despertador. Ella se revolvió con un quejido y él procuró hacer el menor ruido posible al levantarse. Sabía que estaba despierta, pero no quería molestar más de la cuenta.

Una ducha rápida, que le ayudara a despejarse y olvidar el dolor de cabeza. No le gustaba madrugar tanto. Nunca le había gustado. Al salir del baño, Jazz le estaba esperando. El golden retriever le miraba extrañado, como sabiendo de lo inusual de la situación. "Buenos días" le dijo, mientras el perro seguía observándolo. "Ya sé que esta no es tu hora habitual, pero habrá que acostumbrarse."

Mientras se tomaba el desayuno ella apareció, en bata y aún somnolienta, por la cocina. Le dió un beso de buenos días. "¿Qué hace aquí la correa de Jazz?" Preguntó ella. "Pensaba bajarlo antes de irme" contestó él. "No, no debes, ya lo haré yo. Tú no pierdas tiempo". Él sonrió y salió de la cocina no sin antes darle un beso a ella y una caricia al perro. Se dirigió a su cuarto y seleccionó con más calma una de las camisas que hacía sólo un par de días habían elegido juntos.

Cuando estuvo listo tomó su maletín y pasó frente a ella, que lo esperaba junto a la puerta. "Suerte" le susurró con un beso. "Gracias cielo. Ahora vuelve a la cama, dormilona" le contestó con una sonrisa. Y salió de casa.

Partió hacia su nuevo trabajo. Las expectativas eran altas, parecía un buen lugar, pero los comienzos siempre son difíciles. De momento, sabía que estaba lejos. Había conseguido encontrar un autobús que lo llevaría hasta un pueblecito cercano a la fábrica, desde donde podría acercarse a pie hasta la misma. No era ideal, pero al carecer de coche era lo mejor que podía hacer. Además, el clima le acompañaba y la excursion mañanera no sería un problema. De acuerdo, atravesar los campos con maletín y zapatos no era la estampa usual, pero como había aprendido de su padre "las cosas que hay que hacer, hay que hacerlas y punto".

Finalmente llegó a la fábrica, tras detenerse un momento a tomar aire y limpiarse los zapatos. Se presentó al guardia de seguridad y tras tomar su acreditación pasó a las oficinas. Tenían buen aspecto, limpias, ordenadas. Distinguió entre la gente al que sería su jefe, quien le saludó y procedió a presentarlo al grupo. Gente joven, en general, como él mismo. Todos fueron simpáticos con él, al menos en primera instancia. "Es buen comienzo" pensó. Siempre habrá tiempo para los malos momentos, pero si no se presentan inmediatamente, mejor. Su jefe le condujo hasta su nueva mesa y le proporcionó un dossier de gran tamaño. "Hoy es tu primer día. Aclimátate, tranquilamente. Te dejo esto, son los procedimientos básicos. Ve haciéndote con ellos".


Y por fin, se encontró allí. Sentado en su nueva silla, con su nuevo ordenador y cuatrocientas páginas para toda la mañana. Observó su entorno con calma: la mesa estaba despejada y el ordenador le esperaba con su nombre en la pantalla de inicio. Se encontraba rodeado por tres paredes de biombo tras las que se encontraban otros compañeros. Era carne de cubículo. "Podía ser peor" pensó, con una sonrisa en los labios. Tomó su nuevo teléfono y llamó a casa, donde ella le contestó. Le contó, con su dulce voz visiblemente ilusionada que ya había bajado a pasear al perro y que como no podía dormir más, se había puesto a limpiar. "Pero cuéntamee..." le pidió. "Todo bien, de momento no me puedo quejar" le dijo él, mientras abría un cajón para descubrir una agenda destinada a él, con citas, mapas, teléfonos de hoteles... "Muy profesional" pensó.

Empleó la mayor parte de la mañana en leer el abultado dossier. Conocía el tema, por lo que avanzaba rápido. A la hora del café casi había revisado la mitad y aunque hubiera seguido leyéndolo con atención, no rehusó la invitación de sus nuevos compañeros para salir a tomar un café. Junto a la máquina expendedora llegó a conocerlos más que de nombre. Le preguntaron, curiosos, de dónde venía y cómo habia recalado en ese puesto. Su buena impresión inicial no cambió. Su jefe le acompañó para mostrarle la fábrica y le apuntó que si necesitaba algo, se lo pidiera a él mismo o a su secretaria, una señora mayor que le recordaba a su madre.


Al volver a su puesto, decidió hacer uso de la invitación y preguntar a la secretaria por los horarios de los autobuses que volvían desde el pueblo a la ciudad. "Pero hijo ¿es que no has venido en el autobús de la empresa...?" Se la quedó mirando con los ojos abiertos "Bueno, los de personal me dieron estos horarios y no me convenían..." Contestó enseñándole un papel que guardaba en su bolsillo. "Pero esos son los autobuses de fábrica. Toma, estos son los del personal de oficina" replicó tendiéndole una cuartilla.
Bien, al menos ya tenía transporte. Le contó a la simpática señora su peripecia para llegar por la mañana y ella le contestó con una sonrisa "eso no se lo cuentes a nadie". Supuso que la novatada, llegara en la forma que llegara, debía ser inevitable. Después de hojear los horarios, volvió su atención de nuevo al dossier de procedimientos, con el que empleó el resto de la jornada.

"Tras pasar todo el día leyendo, no ha sido muy distinto de la facultad" pensó. Se despidió de sus nuevos compañeros y tomó, esta vez sí, el autobús de la empresa, que le acercaba razonablemente a casa. Durante el camino de vuelta pensó en ella. En cómo le contaría su primer día en el nuevo trabajo. Pero sobre todo en volver a su lado, como cada día.



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Esta entrada de blog la escribiste para mí. Fue tu manera de contarme, antes de poder contármelo en directo, cómo había sido tu primer día de trabajo, cuando yo abriera tu página. Con este relato sencillo, donde los dos éramos protagonistas junto con "nuestro" perro, quisiste mostrarme todo lo que imaginaste de nosotros en esa situación. Un bonito detalle por tu parte, que luego pudimos comentar juntos, cuando volviste a mi lado, como cada día...
Hubo réplica, te acuerdas? Ya conoces la intensidad de mi vida interior y mi desbordante fantasía e imaginación...Algo tan necesario para que una relación no sólo funcione sino que brille, que esté salpicada de chispitas de magia que llenen cada uno de los días, de los momentos vividos!  Haciendo eso soy inagotable! Tú ya lo sabes... :D




Esa vez fuiste tú mi Sherezade...



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