miércoles

With love, from you to me

*


Así lo soñaste, así lo escribiste.





"... con ilusión te guiaba por aquellos lugares que aunque no habías pisado antes, conocías bien. Las calles, los edificios tantas veces recorridos por nosotros en fotografía, en palabra, en pensamiento. Y esa noche, por fin, en persona.
Se debatían dentro de mi la emoción de ver cumplido finalmente ese sueño, con toda la magia que deseaba desplegar como cicerón para ti y las ganas de llevarte a nuestro destino, la prisa, la impaciencia que me hacían imposible articular palabra. Solo las miradas, los gestos, las caricias en tu mano, las sonrisas cómplices que compartíamos mientras recorríamos las calles parcialmente cubiertas con las hojas ocres de este nuestro querido otoño.
Tener tu mano en la mía resultaba una sensación casi irreal, por lo deseado y siempre aparentemente lejano. Miraba nuestras manos entrelazadas, queriendo retener el momento y al levantar la vista, te veía mirándolas, mirándome. Buscaba tus ojos, grises a la luz de las viejas farolas, para llenarme de ellos. Teniéndote así se me hacía difícil resistirme a traerte hacia mi y pasar mi brazo por encima de tus hombros. Tú abrazabas mi cintura con el tuyo y al sentir como reposabas tu cabeza sobre mi, la sonrisa que traía tatuada se hizo aún mayor. Ambos pudimos sentir el suspiro del otro, a la vez.

Caminando así llegamos a la puerta del hotel elegido. De fachada clásica, el interior irradiaba calidez. A ambos nos gustó eso y lo agradecimos, pues la temperatura fuera comenzaba a descender en estas fechas. El viento, tan característico del lugar, había revuelto nuestros cabellos. Yo mesé los mios al entrar por la puerta y tú, atenta y divertida, hacías por que no me peinase demasiado.

Poco nos costó recoger la llave de manos de un ujier de sonrisa cómplice, al ver la felicidad que se desprendía de cada uno de nuestros gestos. Ya en el ascensor la luz de tus ojos se agigantaba cuando te miraba tan cerca. Casi sin espacio entre nosotros, aunque el habitáculo estuviera vacío.

En los pocos metros que nos llevaron a la puerta de nuestra habitación, no sabría decir quién tiraba de la mano de quién. No fue hasta que la puerta se cerró a nuestra espalda que nuestros gestos parecieron tomar finalmente el ritmo y el peso de nuestros corazones, cuando la fuerza de sus latidos nos hacía temblar el pulso. El uno frente al otro, allí, de pie, mis manos sujetaron tu cara y nuestras frentes se tocaron por un momento. Con los alientos fundidos, me mordía el labio inferior mientras una lagrimita de felicidad recorría tu mejilla. Fue entonces cuando nuestros labios se tocaron. Primero suavemente, casi con miedo, como cuando casi esperas que aquello que vas a rozar se desvanezca ante ti como el sueño anhelado. Sin embargo, pasado ese instante, fue como si aquellos labios jamás hubieran estado destinados a estar separados y ninguna fuerza pudiera nunca volver a separarlos".





Y aquí, justo aquí, estaba tu nombre como firma.



Me encantaban estos mensajes de tu parte...cuando luego seguíamos escribiendo la continuación a cuatro manos...a cuatro pies, a dos pieles juguetonas...Y tú te derretías por momentos...cuando parte de tu cuerpo reaccionaba involuntariamente a las palabras.
Lo mejor de tu vida estaba en los sueños, que nacían por mí.



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