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Cobarde, miedoso, evasivo, escurridizo, todo ello envuelto en una corteza de arrogancia y excesivo ego para contrarrestar esos defectos que tratas de esconder.
Tímido, de pocas palabras, sólo las justas por temor a equivocarte y no brillar como te gustaría, todo encubierto por una especie de prepotencia intelectual ante aquellos que tachas de inferiores, que para ti son la mayoría de seres de a pie que te rodean.
De pensamiento calculador y cuadriculado, inamovible, a lo que tú llamas tener personalidad propia para excusar tu falta de naturalidad y espontaneidad, cosas que aportan alegría y dinamismo a la vida. Tú nunca montas la fiesta, te la tienen que montar los demás.
Excesivo sentido del ridículo y del fracaso que te impide mostrarte libre ante cualquier circunstancia. Vives en tu propia cárcel que para ti no es más que alejarte del rebaño que repudias por ser todos iguales, todos borregos a tus ojos por el simple hecho de errar como humanos y de disfrutar como humanos. Tú no puedes. De nuevo te crees superior por no ser humano en ese sentido y actuar como humano común. Te subes en falsos altares por no atreverte a vivir con pasión cada momento apasionante.
Eres un ser receptor por excelencia, nada generoso por el simple placer de dar. Tu generosidad está supeditada al calculado porcentaje de éxito posterior. Cada paso que das necesita un estudio previo y concienzudo. Nada dejas al azar ni a la sorpresa.
Sentimentalmente oculto, reprimido, pasivo, frío, soso, falto de iniciativa por miedo de nuevo a cometer errores que no caben en el historial impoluto que aspiras a tener, exento de fracasos y de rechazos a tu persona. Quien te rechaza pasa inmediatamente a formar parte de tu lista negra de seres inferiores.
Quizás te salva ese toque de niño inocente que sale de tu ser con retraso por haber perdido una infancia que consideras decepcionante y muy alejada de los afectos. Te aferras a la infancia con tu edad adulta para recuperar si cabe, aquello que no sentiste plenamente de niño. Esto, y esa ternura que tanto echas de menos en ti mismo y a veces aflora en un momento de debilidad, más que nada porque la necesitas sentir por fin en tu vida para rellenar ese vacío de aquellos años.
Puede que la inocencia infantil y esa especie de ternura sea lo único que muestres abiertamente a la gente que te interesa conquistar, para que sólo vean eso bonito y bueno de ti. Además de tu particular sentido del humor del que te enorgulleces.
Lo demás no lo conoce nadie. Lo malo de ti no lo conoce nadie, no los dejas mirar en tu interior. Está detrás de un espejo en el que sólo tú puedes mirarte...y que te asusta. Yo también te vi, para mi desgracia...y para la tuya.
Intenté por todos los medios a mi alcance, sacarte de tu mundo oscuro y solitario, llevarte al lado dulce de la vida, al lado placentero, alegre, feliz, natural, humano, libre! El que no conocías, donde uno camina desnudo sin máscaras aparentes, sin barrotes, sin miedos...Pero jamás te atreviste a dar ese paso que paradójicamente, en el fondo, era lo único que deseabas y que tu pobre corazón de niño triste me pedía a gritos.
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