sábado

Verdad y argumentos

*


Mi pareja dice que si él estuviera en mis circunstancias y escribiera un blog como este, seguramente sería diferente. Dejaría notar su ira, su odio, su desprecio, y sería más crudo y contundente. Dice que no sé ser mala. Que leyendo este blog siempre ha encontrado trazas de ternura e incluso de cariño. Que no puedo evitar ser como soy. Y que se alegra de que así sea.

Efectivamente, es que no pretendo ser mala, aunque pueda parecer lo contrario. Mala para qué? Tampoco esto es un desahogo, no se trata de vomitar miserias. No lo necesito. Y tampoco desparramo ira ni odio porque no existen. En realidad no existen sentimientos afectivos de ningún tipo, ni odio ni amor. Tampoco existe la venganza. Lo único que hay aquí son argumentos que defienden una verdad. Una verdad objetiva que parte de unas pruebas que están ahí, escritas, por ambas partes. Eso no se puede negar ni transformar en otra cosa que no es. Y por qué, para qué? De qué me sirve este blog, esta actitud? Está claro que no pretendo "ganar" nada con ello. En la práctica no sirve para nada. Pero me sirve a mí, como persona honesta que soy, y sincera, para defender esa verdad, esa realidad que la otra parte jamás admitirá. Tengo derecho a defenderme y lo ejerzo.
No puedo permitir que un hecho real sea versionado, manipulado, reinventado, disfrazado de algo que no es, cuando en esa realidad estoy yo de protagonista. No puedo permitir que tú te sirvas de la mentira para desacreditarme y restar valor a algo que lo tuvo, y mucho. Sobre todo para ti, que fuiste el gran beneficiario de la historia. Pero para ti es muy fácil inventar lo que quieras, lo que te venga bien, porque nadie te puede quitar la razón. Somos dos presuntos implicados y no hay testigos presenciales. Qué bien, verdad? Aunque sí hay pruebas materiales. Las tengo. Nadie te puede quitar la razón menos yo, que conozco la verdad, como tú. Por eso estoy aquí. Nadie me va a defender, nadie va a defender mi honor. Si yo no lo hago, nadie lo hará. Soy una víctima, en cualquier caso, de tus mentiras sobre mi persona y sobre nuestra historia.

Mi pareja, mi novio, dice que jamás ha conocido a una persona más transparente y sincera que yo. De hecho puede leer este blog cuando quiere. Y que para ser así hay que ser valiente porque uno debe siempre apechugar con las consecuencias de sus actos. Es un riesgo que no todo el mundo asume. Es más fácil mentir para que nada te ocurra o para que te ocurra, según el interés. Si yo misma me la hubiera pasado mintiendo con respecto a nosotros cuando estábamos juntos, todavía estaríamos juntos. Si yo hubiera callado y me hubiera conformado, tú estarías inmensamente feliz en lo que para ti era el paraíso (otra cosa que ya estarás negando como un vil traidor). Era un paraíso para ti por todo lo que yo te daba. Estabas en un estado de felicidad jamás conocido por ti. Lástima que mi sinceridad interrumpiera ese éxtasis constante que vivías conmigo y que te hacía temer por la pérdida de ese estatus paradisíaco que te fascinaba y te tenía loco de felicidad. Mi sinceridad con respecto a nosotros no te gustaba porque no eras capaz de hacer feliz como yo. No eras capaz de estar a mi altura en generosidad y entrega. Te acomplejaba tu mediocridad con respecto a mí en ese sentido de la relación entre dos. Sabes que eres un mediocre, sentimentalmente hablando, y que yo era tu sustento, tu fuente de vida, como me llamabas. Ahora supongo que eres igual, pero no tienes al lado a alguien exigente en lo sentimental e íntimo. Es la única manera que tienes de ser feliz con alguien, que sea igual que tú de mediocre, de conformista, y por supuesto, que no te pida nada y te obsequie siempre con un paraíso cualquiera. Todo es más llevadero con verdades a medias, que no son más que mentiras encubiertas, silencios, tragaderas y conformismos. Más llevadero para gente como tú, no para mí. De ahí que te dejara y que pasara todo lo que pasó después.
Yo siempre he sido sincera, a pesar de que la sinceridad trae consecuencias que a veces nos perjudican. Tú has conocido mi sinceridad en primera persona, mi transparencia, mi ausencia de secretos. Yo no tengo secretos que esconder. Ninguno. Con nadie, ni siquiera con la persona que comparte la vida conmigo. Prefiero arriesgarme y perder, que vivir con una mentira dentro de mí y tener que transformarla en cuento chino cuando alguien pretende sacármela de dentro. Yo soy valiente, al contrario que tú, que eres justamente la antítesis de la valentía. Tú tienes un lado oscuro dentro de ti, una historia o muchas que ocultar, que jamás saldrán de ti si no son transformadas a tu gusto y conveniencia. Tú tienes secretos incluso para la persona amada. Y tu cobardía te impedirá siempre ser honesto con la gente que te rodea. No pondrás en riesgo algo que te interesa sacando las verdades, las sinceridades y los secretos a relucir. Ni hablar. Nunca. Te ayuda que eres un maestro de las apariencias. Una especie de Mortadelo constante y real. En guardar las apariencias se te va toda la energía, una pena.

A mi pareja le duele que yo haga esto, que tenga este blog. Pero no le duele por lo que puede leer en él, no! Le duele que haya tenido que sufrir ciertas cosas que han hecho que tenga este blog. Eso es lo que le duele. Quisiera borrarlo de mi memoria, cosa que no conseguirá. Es como cuando alguien tiene un accidente, está a las puertas de la muerte y finalmente se salva. Que se dice que "he vuelto a nacer". Se puede olvidar eso? Jamás. Pues algo así ocurre en este caso. Yo no lo olvidaré.
Y ciertamente se me ve el plumero de la ternura porque yo soy así. Y si se me ve cierto toque de cariño por momentos, es que yo soy así. Puede que a veces me pase en ironía, pero es que es una forma de suavizar la crudeza de las cosas. Y también siento algo de pena por la manera en que las cosas se sucedieron. Por ti también, me das algo de pena. Si fueras de otra manera vivirías con más intensidad las cosas más hermosas de la vida, pero no lo harás. Eso da pena.

Podría ser más punzante, más cruel, más directa, pero no me sale. Seguro que a ti te sale de maravillas. Te puede la ira. Pero yo no estoy aquí para contar ciertas cosas que son verdaderamente íntimas, entre dos, y que no se cuentan jamás a nadie. Yo no estoy aquí para hablar de la ropa interior que usabas, de las "medidas" que gastabas, que podría hacerlo, de tus fantasías sexuales, de tus relaciones íntimas con el señor Onán a mi salud, que podría contar todo eso y más, así como de tus fobias y angustias personales, confidencias dolorosas, debilidades y otras historias. No estoy aquí para poner imágenes que te comprometan. Tampoco estoy aquí para decirle al mundo quien eres, tu nombre, tu trabajo, tu ciudad, tu circunstancia familiar, tu modo de vida, tus costumbres. Eso es lo de menos. Sólo importan los hechos, no quién es el autor de ellos. Sólo tú sabes de quien hablo, y si acaso lo sabe alguien más será porque tú lo has introducido en esto o no has podido evitar que se introdujera por su cuenta en este blog. Alguien tan cercano a ti que sea capaz de leer y adivinarte. El resto del mundo no sabe de quién hablo.
Por otra parte, me importa poco, por no decir nada, tu vida privada. Eso ya no me concierne. Yo también tengo la mía. No me importa cómo estás, lo que haces, con quién compartes, a quién amas, a quién odias, dónde trabajas, si ya vives por tu cuenta o no te lanzarás nunca, etc, etc. Puede que me importe más tu familia, que espero que esté bien y que no me ha hecho nada. Pero tú no. Sólo me importa una cosa, mi honor y mi dignidad, la verdad, porque nadie, absolutamente nadie tiene motivos para ponerme verde, mucho menos los tienes tú para ponerme verde o versionarme a tu antojo, así como a nuestra historia. Me importa eso porque eres capaz de cualquier cosas con tal de salir airoso de tus lances.

Sé que nadie me va a creer. Sobre todo alguien que te ame. Estaría bueno que me creyera más a mí que a ti. Ella se tragará sin rechistar todos tus argumentos. Y le encantará saber las cosas que le argumentes, claro, poniéndote tú como un ejemplo humano a seguir y a mí como cualquier cosa...que no quiero ni imaginar. Ni te cuento si te pones de víctima y lloriqueo, pobrecito, lo mal que lo han hecho contigo, lo mala que he sido yo, toda la humanidad en tu contra...que se te da muy bien. Aunque no debería fiarse de ti ni un pelo. Pero claro, eso sólo lo sé yo. Es la ventaja de haberte conocido profundamente. Quizás más que teniéndote al lado. Estoy segura de que más. Las palabras que están ahí no son un error ni una sensación de espejismo, ni un gesto malinterpretado ni un recuerdo borroso o una jugarreta de la memoria. Son reales. Están ahí. Y en ellas está todo.

Y por qué hoy escribo esto? Porque sé con absoluta certeza que lo lees.
(Ale, ya puedes negar eso también, que seguro que te creen...)
Yo seguiré aquí hasta que...pues no lo sé ni me preocupa. Pero no permito que nadie arrastre mi nombre ni mi dignidad por el fango cuando lo único que soy es una buena persona, la buena persona que siempre he sido. Una buena persona que siempre te dio lo mejor de sí misma. Siempre he repartido bondad y sentimientos sinceros con todo el mundo, al contrario que tú. Tú mismo te asombrabas de lo buena persona que yo era...
Él, ese hombre íntegro que me acompaña ahora, está orgulloso de mí, de mi bondad, de mis buenos sentimientos, de mi corazón abierto y transparente, de mi sensibilidad, de mi generosidad sin límites, de mi entrega sin frenos, de mi ternura, de mi valentía para enfrentarme a todo, de mi sinceridad y de todo lo que soy y por lo que tú mismo te enamoraste. La diferencia es que tú, tan inteligente, intelectualmente brillante, de cerebro "calidad suprema", como persona y como pareja dejabas todo que desear, no supiste estar a esa altura. Y yo quería un hombre de los pies a la cabeza en todos sus matices, sobre todo en su interior, no un macho con rabo y coeficiente intelectual de 130, que está visto que no vale para nada en lo más importante de la vida.
Todo eso que soy yo, tan chiquitita, te quedó grande.



Y próximamente más capítulos.



*

No hay comentarios: