*
Nos citamos una noche
de caluroso estío
con tal de desvelarnos hasta el alba.
Estabas solo en casa.
Hacerme reír era siempre tu empeño
y si cierro los ojos recuerdo
que para conseguir mi risa
pusiste tus calzones sobre tu cabeza
a modo de sombrero
y un calcetín en cada oreja.
Recuerdas? Hay documento gráfico de eso.
Las carcajadas fueron importantes.
Conmigo no existía la censura.
Loco de amor estabas
y me dabas tu locura en cada encuentro.
La noche eterna se acabó a las dos de la mañana.
Tus ojitos se cerraban
porque de siempre has sido marmotilla
y muy poco nocturno.
"Anda ve a dormir, que tienes sueño"
-te decía yo-
Y tú negabas la evidencia
entre bostezo y bostezo,
disimulando unos, otros con la boca abierta,
Aaaahhhhhhh m.
con tal de apurar todas las horas posibles,
con tal de no perderte mi presencia.
Y es que las horas conmigo eran tu vida
-decías-
las otras eran horas muertas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario