martes

Desde lo más profundo del sentimiento

*


Hay que sentir mucho, amar mucho, para decirle a alguien

"con gusto me quedaría postrado de por vida si con ello te ahorrara cualquier sufrimiento".

Sé que lo sentías cuando lo dijiste. Cuando se siente y se ama mucho se dicen estas cosas que no se dicen en otras circunstancias porque son demasiado rotundas, demasiado radicales.
Pero cuando uno siente por encima de todo, sale de dentro como el deseo más natural del mundo, casi sin prestar atención realmente a lo que significaría ese deseo.
Hay que querer mucho a alguien para decir, con absoluta convicción, algo así.
Fue tan fuerte, tan grande y tan profundo tu sentimiento hacia mí que no creo que jamás experimentes lo mismo, aunque ames de nuevo. Aquello que tú sentías era tremendo. No lo harás con la misma intensidad. Estoy segura. Seguro que después de mí eres mucho más precavido y cauteloso...y menos auténtico y natural.

También estabas dispuesto a dejar tu ciudad, tu entorno, para venir a vivir cerca de mí.
Algún trabajo encontrarías seguro, me decías.
También hay que amar mucho para estar decidido a eso.

Tú estabas decidido a todo. Seguro. Convencido.

Para eso no existía la cobardía...

Estabas extasiado, fascinado, maravillado, cautivado, entusiasmado, eufórico, absolutamente comprometido, realmente enamorado.
Comías deprisa, cenabas deprisa, corrías veloz para venir a mi encuentro, te cambiabas de ropa mientras estabas conmigo para no perder esos minutos, madrugabas y trasnochabas por el mismo motivo. No querías perderte ni un sólo segundo de mi compañía, ni uno sólo, decías, por ser el más valioso y preciado tesoro en tu vida. Incluso entre clase y clase venías en mi búsqueda con los medios de que disponías en la universidad, sentado en un banco arrastrado por ti mismo hasta el ordenador del pasillo...

Cada noche soñabas con nosotros y una de tus mayores ilusiones era abrazarme por la cintura desde atrás y que yo dejara mi peso sobre tu cuerpo mientras admirábamos juntos la lluvia o el atardecer por la ventana. Podrías estar horas así, feliz, decías...
O acurrucarnos en el sofá con una mantita mientras veíamos dibus o pelis merendando un bocata de nocilla o de mortadela. Y bailando en la cocina a la espera de que saliera la cena del horno, con dos pijamas iguales y calcetines gordos de esos de andar por casa. Además te gustaba imaginarte detrás de mí, acariciándome en silencio mientras yo tocaba para ti en el piano.
Y otros sueños que no se escriben aquí.

¿Sigues deseando quedarte postrado de por vida para que otro sea feliz?
¿Lo has expresado de nuevo?
¿Sigues teniendo los mismos sueños...los tiernos y los otros?
¿Los has realizado ya todos y cada uno de ellos?


No hay comentarios: