miércoles

En negrita y al azar

*

Podría escribir aquí, haciendo memoria, todo lo que quiero constatar con cada
entrada. Podría porque tuvimos años para decirnos muchas palabras, palabras
que se dicen los enamorados, como es de suponer, y que se repitieron durante
todos esos años. Y sin embargo y en honor a la verdad, prefiero
hacer uso de la literalidad para que no quede la más mínima duda de que las
palabras salieron de tu boca tal cual se leen aquí. Nada de inventar o errar
con lo que podría ser un recuerdo traicionero. Son palabras bonitas, llenas
de sentimiento.
No reproduzco las conversaciones porque no hace falta. Se supone que las
palabras bonitas forman parte de un contexto igualmente hermoso. Sea cual
fuere el contexto, su belleza es en sí misma y con la misma magnitud.

Abro el libro por la página elegida al azar, de un año cualquiera de esos
años. No te preocupes - te digo en una de las líneas de conversación.

"Claro que me preocupo. ¿No ves que te amo?"

Desde luego, cuando amamos nos preocupamos por el otro, por lo que siente,
por lo que piensa, por todo lo que le concierne.

"Me siento tan frío..."

¿Por qué? - Te dije yo.

"Porque estoy vacío. Me faltas mucho"

Está claro que las ausencias hacían mella en nosotros. Nos necesitabamos
siempre, en todo momento. Y así aprovechábamos intensamente cada uno de
nuestros encuentros, con esas ansias del que espera la felicidad.

"Siempre estás cuando te necesito"

Yo no te fallaba nunca. Y me lo hacías saber con tus palabras.

"Tú eres mi buena estrella"

"Me das calorcito ahora que hace tanto frío"

"Te necesito, te amo mi vida, mi cielo, el lugar de
mi descanso"


El lugar de tu descanso...
Y tanto. Llegar a mí era como alcanzar la paz. Tu interior, constantemente
atormentado con batallas personales, te negaba esa paz en la vida. Nunca
estabas en paz con el mundo, con las personas que te rodeaban.
Y llegabas a mí y yo, cual mater amantísima, te sostenía en mi regazo y
calmaba tu desasosiego.

"Me gusta tu faceta maternal y todas las demás"

Tan enemigo eras a veces de tu vida y tu circunstancia, de tu historia y tu
presente; tanta era la amargura que te atenazaba que en algunas ocasiones
pareciera que no te importara seguir viviendo.

"Yo tengo ganas de vivir, por ti"

Sí, muchas veces fui tu única razón para vivir. Yo te daba la vida.

A veces te venías abajo pensando en que estar contigo podría mermar mi
propia felicidad. Esa idea te revolvía, te era repulsiva. Tú sólo querías
hacerme feliz y sentías que ese don se te escapaba de las manos por momentos.
Siempre te preocupó ese pensamiento, el no conseguir llegar a darme todo
aquello que yo merecía. Te aterraba que se diera ese caso y que todo acabara
por tu incapacidad como amante, pero sobre todo como persona. Creo que
pensaste de ti mismo que eras poco para mí, un mediocre para lo que yo era y
daba y generaba. No estabas a mi altura y odiabas la idea de no estarlo nunca.

"Tú te mereces a alguien mejor que yo, pero quiero ser yo quien te merezca"

Eso dijiste en esa ocasión, en esa página del libro que he abierto, en ese
año cualquiera...

Y efectivamente fracasaste. No me merecías. Yo merecía a alguien mejor.
Y tú serías feliz, seguro, pero a tu modo, compartiendo tu mediocridad con
otra mediocridad para equilibrar la balanza, algo imprescindible para ser
absolutamente feliz con alguien.

Y cuando hablábamos de la posibilidad de que nuestros caminos pudieran
separarse, no podías reconocer más que:

"Estarás siempre presente como lo mejor que me ha pasado"

Y no lo dudo.

"Qué bonita eres!"
Decías muchas veces con esa expresión en tu rostro que hablaba de la verdad

considerada por ti como la más grande. Con esa convicción plena en tus palabras. A boca llena.
Cuando decías "Qué bonita eres!" me dotabas de todo aquello que sólo se le
puede atribuir a un ángel...

Y no, no te referías sólo a mi materia, a mi físico, esa no era la traducción de tus palabras,

te referías a lo que llega realmente al alma y nace de ella, a lo que llena y lo ocupa todo, a lo que tú considerabas que era la perfección. Toda yo, completa,
persona, cerebro, corazón.

Me acuerdo perfectamente de tu cara tierna, de tu mirada sincera, de tu gesto
henchido de gozo cuando me decías "Qué bonita eres!" y lo que con ello
querías expresar a falta de la palabra precisa, que para tan excelso contenido no
se ha inventado todavía.








Cierro el libro por la página elegida al azar, de un año cualquiera de esos
años (no tengo ganas ni tiempo de hacer memoria), y hasta la próxima vez que
vuelva a abrirlo para recordarte-recordar a quien quiera saber, quién fuiste y cuánto 

amaste.
Seguro que alguien habrá a quién le guste leerlo. A ti mismo, por ejemplo.
:)











No hay comentarios: