miércoles

Trabajitos de campo. Lo que uno es capaz de hacer por amor.

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Lástima que terminóoooo, ohhhh, el corretear por el mundo en estas vacaciones otoñales tan deseadas.
De nuevo a la rutina, al trabajo y a los trabajitos.
Y en ello ando, cosas del trabajo, haciendo presentaciones.

Es por elllo que hoy quiero recordar el trabajito que hiciste para mí en una ocasión. Era una presentación muy especial. No por el esfuerzo de realizarla en el ordenador sino por cómo la hiciste antes de sentarte frente a la pantalla.

El tema era llevarme de la mano por tu ciudad, caminando, visitando parte de sus encantos y explicándome los pormenores de cada rincón, cada edificio, cada esquina. Era soñar que caminábamos juntos como los dos enamorados que éramos. La presentación estaba llena de fotografías y en cada una de ellas aparecían leyendas referentes a los lugares o cosas que veíamos al pasar como si me estuvieras hablando. Fue algo muy bonito. Algo que me mostraba tu ilusión por llevarlo a cabo más adelante y en la realidad.

Del auditorio al gran parque cruzando la calle. Ya en el parque, un recorrido por el mismo, por cada rincón, incluso por los pinares, allá arriba, para descender de nuevo y seguir caminando por las avenidas hasta el centro. Eso sí, parando en cada esquina, en cada edificio, plaza, monumento, la universidad...cada lugar que querías mostrarme, incluido un bar de bocadillos muy bravos...Y después por esa calle mítica y larga hasta la plaza importante hasta llegar a la foto de un restaurante donde me invitarías a comer. En plena plaza, no escatimabas en atenciones.
Todo detallado con palabras e imágenes. Además de recorrerlo luego juntos mientras me contabas lo que sentías al hacerlo, los besos que me darías a cada paso, los abrazos, los mimos...e incluso las conversaciones que pensaste que tendríamos y mis preguntas, mi curiosidad.

Pero eso no fue lo más bonito. Lo mejor fue que todo ese recorrido, todas esas fotos las sacaste en cada lugar haciendo ese camino de verdad,  para mí. Desde el principio al fin, cámara a cuestas. Nada de obtener las imágenes de internet, nooo! Hiciste el recorrido por los dos para que fuera más auténtico, para que tú pudieras imaginar, inventar con la mente todo mientras ocurría a tu paso. Te imaginé entonces hablando solo por las calles, sonriendo solo e incluso cerrando los ojos en más de un momento.
Ese día, dijiste, pasaste mucho frío. Tal como comentaste, había sido el día más frío del invierno, pero no te importó lo más mínimo a pesar de que me contaste que casi se te congelan las orejitas...Lo importante era hacerlo para mí con todo el amor del mundo.
El caso era hacer ese trabajito con toda la ilusión puesta en él para poder transmitírmela.
Lo del trabajo de ordenador no fue nada comparado con el gran paseo que te pegaste por mí, a pesar del frío y de la enorme caminata. 
Luego, con mucho gusto me lo ofreciste y pudimos soñarlo juntos.

Cualquiera habría copiado imágenes de internet, era lo más fácil. Tú lo hiciste de verdad, desde el corazón, desde el alma, con todas las ganas sólo para mí. Y a tus orejitas se les olvidó el frío pasado con la emoción de ofrecérmelo.

Te acuerdas de los detalles? Aquí nos sentaremos, aquí comeremos, aquí nos desviaremos para... Aquí te levantaré el volandas y nos besaremos, te cogeré por el hombro y tú me rodearás la cintura. "Un bao. Otro bao!" Jajajaja! No sé a quién de los dos le gustó más, si a mí recibirlo o a ti ofrecerlo...
Se puede decir que hemos pateado tu ciudad juntos antes que con nadie.
Y aquí está guardado en este libro tuyo y mío que conservo. El libro de las verdades verdaderas. 
:D

Pues nada, lo que decía al comienzo de la entrada, vuelta al trabajo y la maravillosa vida cotidiana!
¿Y tú? ¿Has disfrutado mucho con el "Tlin Tlin Tlin Tlin, taca taca tlin tlin"? Ya sabes de qué hablo...
Seguro que sí ;)



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